Retrospectiva, introspectiva y perspectiva de la vida de una maestra

 

                                                                            
 
                      (Práctica docente en sus diversas dimensiones)                             Angélica García

He aquí un poco de la travesía de mi vida y de como el destino me puso en este camino tan hermosos que es la docencia.

Primero que nada hablaré un poco de mi infancia y de mi familia para contextualizar el presente:

Hoy por hoy…

Soy la mayor de 5 hijas, somos una familia unida, nos ayudamos en todo y siempre nos apoyamos entre todos. Mis papás unieron sus vidas hace 36 años y son un ejemplo a seguir, en la actualidad vivo sola con mis 4 hijos, ha no ya solo me quedan tres en casa jeje, el mayor César de 19 años tomo la decisión de juntarse con su novia, llevan poco tiempo y aun no me acostumbro; el segundo de mis hijos Diego, tiene 12 años y esta en primero de secundaria empezando la edad pulsante de temas difíciles (uno nunca se imagina que pasará por eso), la tercera es Ximena  de 11 años, mi única niña, y aunque es mujer es mas ruda que sus hermanos (lo cual me enorgullece), ella esta en sexto de primaria, y por último esta el pilón, ese que no te imaginas que llegaría pero lo hace y te llena aún mas de amor el corazón, él se llama Adrián tiene 10 años y esta en quinto de primaria, me encanta porque a cualquier lugar que van los reconocen como “Los Trejo”, son de esos niños que destacan en algo (no siempre en cosas positivas),  son tan diferentes entre sí y aun así a donde vayan los identifican como hermanos.

                                          
 Retrospectiva…

     Soy originaria de Reynosa Tamaulipas, lugar que en realidad no conozco, nací el 25 de mayo de 1985, mis papás son de Durango Capital, pero por cuestiones de trabajo sucedió que me toco nacer en Tamaulipas, a los 3 años nos mudamos a Ciudad Juárez y hasta la fecha radico en la Ciudad.

     En cuanto a mi infancia; casi pudiera asegurar que mi gusto por dar clases inició desde el preescolar, pues resulta que a los 3 años de edad empecé a deletrear palabras, por lo que a mis 4 años ya leía de manera fluida, ¡imagínense lo que para una maestra era esto!, iba al baño, (- Angélica puedes leerles este cuento en lo que regreso por favor -) había algún evento (–Angélica! ella sabe leer que recite un poema-), y así fueron los 3 años de preescolar, por supuesto, esto a mí, para nada me molestaba, me gustaba ayudar y de cierta manera tener el control, tenía facilidad para los juegos, conteo, rompecabezas de muchas piezas, era la mini-maestra y para mi eso era genial.

     Posteriormente viene la primaria, lugar donde a pesar de aumentar considerablemente la matrícula de alumnos seguía siendo la ayudante de la maestra, amaba cuando nos entregaban los libros de texto, disfrutaba tanto su aroma y me encantaba leerlos como si fueran cuentos, para cuando nos daban el tema yo ya sabía de él. Así fueron los 6 años de primaria, tenía una facilidad de palabra que hacía que en cuestiones de eventos generales muy constantemente me eligieran como porta voz, esto no quiere decir que fuera desenvuelta o extrovertida, a pesar de eso, mas bien me caracterizaba por ser seria, un tanto tímida y obediente, el que tuviera ciertas habilidades no quiere decir que me integrara con facilidad, tuve pocas amigas.

     La secundaria y la preparatoria en realidad fueron etapas que pasaron en mi vida como una estrella fugaz, a pesar de haber vivido experiencias únicas e inolvidables propias de la edad, considero que las etapas que cimentaron mi vocación fueron las que Piaget nombró como preoperacional y operaciones concretas, también conocidas como primera y segunda infancia.  Aunque incluso en esta etapa no dejaron de salir a la luz esas pistas que me hacían inclinarme por la docencia, la facilidad de exponer y hablar frente al grupo,  ese gusto por ayudar a los demás, la habilidad de escuchar a las personas y además disfrutaba poder dar un consejo. Son precisamente estos detalles que me llenaban de satisfacción convirtiéndome en el ser humano que soy en la actualidad y que evidentemente son parte de la dimensión personal .Claro está, que es en la preparatoria el momento en el que se decide la carrera que estudiaremos para obtener un trabajo de por vida, la verdad fue una decisión difícil. Sí; si sabía que en definitiva, quería una carrera de humanidades, algo que me permitiera tener un acercamiento a las personas y de alguna manera sembrar una semilla positiva en sus vidas, pero no me decidía; estaba entre psicología, trabajo social, hasta sociología me llamaba la atención, pero no sé, tal vez esa voz interior en mi inconsciente me decía que la Licenciatura en Educación era lo mío.

Momento de decidir (prospectiva)…

     En fin; hago examen de admisión en la UACJ para la Licenciatura en Educación y ¡voala! entre tantos aspirantes soy aceptada, el primer semestre para mi fue clave para motivarme a continuar en la carrera (Situación que se me complicaba un poco porque ya era mama y tenía que trabajar), ese momento en el que me entregaron la primer boleta me informaron que había adquirido automáticamente una beca por promedio, ¡No pagaría nada de inscripción! wow, para mi esto fue básico porque me permitió continuar y esforzarme para que fuera así cada uno de los semestres. Durante la carrera conocí diferentes formas de ser docente, empecé a ver como me gustaría ser y como no me gustaría ser, tuve la oportunidad de trabajar, y hacer servicio en la coordinación de la Licenciatura y directamente con maestras que para mi eran un ejemplo a seguir, eso reforzó aun mas mi vocación y ejemplifica otra característica de la dimensión personal.

     Tenía muy presente que me dedicaría a la educación superior yo decía en ese entonces que no me gustaba trabajar con niños. Finalmente concluyo la Universidad en el 2010, por cierto no asistí a la graduación ni por las fotos, no tengo ningún recuerdo, solo los de la mente y el título,  porque estaba a punto de dar a luz a mi cuarto bebé, Adrián (espero terminar con todos lo que iniciamos la maestría, para poder tener por lo menos alguna foto de graduación).

     Durante el último año de la Licenciatura trabajaba ya en un escuela particular como asistente educativo de preescolar y a mitad del ciclo me quede como encargada de español, pero aún con sueldo y puesto de asistente porque no tenía título. Al concluir ese ciclo, termine también la carrera, por lo que en agosto del 2010 me contrataron por primera vez en el mismo colegio como maestra encargada del grupo a y b de sexto en el área de español, pero también me contrataron en el conalep para impartir una materia en primer semestre, los tiempos se me acomodaron perfectos porque el colegio era por las mañanas y el conalep en las tardes. Obviamente hubo nervios, era mi primera vez frente a grupo como titular, pero es aquí donde se presenta la dimensión social en la práctica, ya que al dar clases en dos lugares de estatus económico muy diferente, pues era muy evidente la diferencia de contextos, comportamientos etcétera, los niños del colegio eran groseros, prepotentes, tenia  entre 15 y 17 alumnos en cada grupo y para mi era mas difícil lograr que me obedecieran ellos que los 50 del grupo del conalep, llegó un momento en que tome la decisión de renunciar al colegio y trabajar solamente en el conalep. Termine el semestre ahí pero por cuestiones familiares y económicos, busque la oportunidad en diferentes colegios, por dos años estuve cambiando de trabajo, siempre en nivel medio superior o secundaria, buscando mejor sueldo y sobre todo acomodarme a las necesidades de mis hijos.

Después de esos dos años, decidí ir a entrevista a una guardería para la vacante de coordinadora de pedagogía, sentía que no era mi meta o el trabajo de mis sueños, pero se me acomodaba a las necesidades personales. Oh sorpresa! Al trabajar ahí descubrí la facilidad que tenía para relacionarme con las personas, (Dimensión interpersonal), al ser encargada de supervisar a las maestras tenía que capacitarlas, apoyarlas y corregirlas en el proceso y las rutinas del cuidado y educación de los niños, además tenía que hablar con los papás cuando se presentaba algún problema con sus hijos y por si fuera poco organizaba temas para dar cursos y talleres, tanto al personal como a los padres de familia, (esta parte de mi vida laboral me fascino) y se hizo presente también la dimensión didáctica.

Introspectiva….

     Pasaron 5 años de mucho aprendizaje y crecimiento tanto personal como profesional en la guardería, pero mis hijos cumplieron la edad suficiente para entrar a preescolar y perder el derecho a estar en la estancia, por lo que nuevamente tuve que buscar otro trabajo que se adaptara a mis necesidades y fue aquí donde volví a buscar en escuelas y pensé en iniciar en el nivel básico, primaria, porque había más posibilidades de obtener tiempo completo ya que en los niveles de secundaria y medio superior regularmente son sueldos por honorarios y la verdad es muy poco. Ingresé a un colegio como maestra de medio tiempo y auxiliar de coordinación la otra parte del tiempo, y a pesar de que siempre dije que el nivel básico no era lo mío, lo disfrute mucho, el contacto directo con los niños, sus ocurrencias, inquietudes, de verdad me estaba gustando y mucho , pues terminó el ciclo y decidí que si que me quedaría en primaria la alegría de los niños la posibilidad de ayudarlos me encantaba, terminó el ciclo y me fui a otro colegio, mas cerca de mi casa, ahí dure dos años, al concluir el primer año laborando ahí algunas compañeras hicieron el examen de oposición y me motivaron a realizarlo también, yo me detenía porque no quería tener las complicaciones de quedar en niveles bajos y estar solamente cubriendo interinatos (Yo ocupaba realmente el sueldo fijo semana con semana), tampoco quería pasar la desilusión de no salir idónea, pero ¡me convencí! Eso sí, me dije a mi misma que tenía que salir en los primeros lugares para tener mas opciones para elegir mi centro de trabajo y que si no quedaba idónea no volvería a intentarlo, pues al siguiente año hice el examen y ¡si! Quede en los primeros 50 lugares.   

                                                          En esos momentos tuve razones para querer irme lejos de la ciudad y se me presentó la oportunidad de irme con base, trabajo fijo y estable. Pues que me voy a la sierra, y no me voy sola, me llevo a mis 4 hijos, fue la mejor experiencia que he tenido, un contexto totalmente diferente, con muchas oportunidades de dar y de ayudar a los niños y a las personas en general, fue una transición difícil, porque se vive una realidad muy diferente de la que conocemos comúnmente, ellos, por ejemplo, normalizan el sembradío de drogas, y los niños trabajan en periodos escolares, los maestros de alguna manera tratábamos de mediar la situación, de hacerles ver que es mas importante ir a clases, pero en el fondo entendíamos que esa era su realidad y básicamente su necesidad, por lo que hacíamos valida la dimensión valoral, permitiéndoles ausentarse sin que esto perjudicara en sus calificaciones. Y claro aquí inició también mas latente la dimensión institucional, ya que llegue a formar parte del equipo, ya no era como en los colegios o la guardería.

        En marzo del 2021, vine de vacaciones a Juárez y por toda esta situación de la pandemia me quede aquí, pedí cambio y si se pudo, por lo que inicie este ciclo en un nuevo centro de trabajo, en el cual me he sentido muy, muy cómoda, es una escuela con poca matrícula y con pocos recursos económicos y me agrada mucho que a pesar de ser solamente cuatro maestros, trabajamos todos los proyectos como escuela y en equipo, y todos hacemos lo posible por facilitarles a los alumnos material para continuar con su aprendizaje     

     
NOTA: (Perdón si me extendí tanto, me emocioné)

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